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Amador Granado quería ser futbolista, pero se encontró con un problema, padecía una deformación de nacimiento. Pie cavo congénito le llaman. Con un mes de vida le realizaron la primera operación, después le seguirían otras muchas hasta cumplir los once años que se han olvidado por interminable reiteración. Luego hubo un impasse en espera de que su cuerpo terminara de desarrollar. Las últimas operaciones se las realizaron con 18 años. De aquello queda un poso de angustia económica más que dolor. Afrontar el desembolso de tanta operación habría sido crítico para cualquier familia de los años 70 pero se encontraron con el doctor Santiago Cárdenas, uno de esos doctores que no hicieron en vano el juramento hipocrático. Cárdenas sacó a Amador adelante y a pesar de quedar rezagado en el colegio esto no hizo mella en su carácter combativo. Desde el principio sabía que para estar a la altura de los bien formados debía esforzarse, así estaban las cosas. El doctor Cárdenas recomendó a un ya joven Amador hacer deporte, el fútbol, muy a su pesar, quedaba fuera de sus posibilidades, lo más aconsejable era la natación o el ciclismo.
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El padre de Amador salía los domingos a pedalear con el grupo cicloturista A.D.C. Michelín y no tardó en llevar a su hijo. Las primeras salidas fueron desagradables, una distancia de 40 kilómetros en sus piernas se dilataba hasta convertirse en algo irrealizable. Le costó un año poder mover el plato de 52 dientes.
Con el tiempo pasó a ser un cicloturista más. Esto para él era importante porque la bicicleta se había convertido en el lugar donde medirse con la gente normal. A pesar de este logro personal dejó la bicicleta durante seis años, motivado en parte por la disgregación del A.D.C. Michelín que había sido castigado en la carretera por varios accidentes muy graves.
El gimnasio fue una nueva experiencia. Julen Madina le ayudó a ganar peso corporal. De 25 kilos pasó a levantar con las piernas 140, esto para una persona ordinaria no es mucho pero para él era extraordinario. Cuando retomó la bicicleta la mejora fue notable y pudo plantearse realizar pruebas como la de Sabiñanigo.
Yo conocí a Amador en la carretera, él estaba preparando su primera Quebrantahuesos y como todos los que la hacen, se lo tomaba muy en serio. Coincidimos muchas veces y trabamos amistad pero luego hubo un vacío de varios años en que no supe nada de él hasta que un día viendo el telediario mencionaron su nombre como miembro del equipo paralímpico para las olimpiadas de Atenas del 2004.
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| EUROPEO DE CHEQUIA 2003 |
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AV. ¿Qué ha pasado en todo ese tiempo para darse tal transformación?
AG. En una prueba cicloturista me hablaron del deporte para discapacitados, contacté con Emilio Sánchez de Lazkao, él me introdujo en su club deportivo de discapacitados físicos C.D. Zuzenak de Vitoria. Al principio el club no tenía ni sección de ciclismo, la tuvieron que crear para Emilio Sánchez, una vez creada, me incorporaron al club sin hacerme preguntas. Así comenzó todo. Más tarde Xabier Carballeda me ayudó con la planificación de los entrenamientos. Al poco vinieron algunos triunfos como el campeonato de España en Aviles o la medalla de bronce en el europeo de Suiza. Claro, así ya te lo vas tomando más en serio esto de competir.
AV. Si para los ciclistas normales es complicado salir adelante a ti no te habrá resultado fácil el hacerlo.
AG. Esto es cierto, a mí ni tan siquiera la familia me apoyaba, no entendían lo que hacía. Yo tenía que perder horas de trabajo y por lo tanto dinero para poder entrenar, los viajes también los pagaba de mi bolsillo. ¿Y todo esto para qué? Se preguntaban. Afortunadamente las cosas han mejorado económicamente, además me he ganado el respeto y la comprensión de mi familia que es muy importante |
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| 6 HORAS DE EUSKADI 2004 |
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AV. Parte de tu entrenamiento consiste en correr las carreras de la categoría juvenil, ¿Cómo es está experiencia?
AG. Ha sido una escuela, ten en cuenta que yo ni sabía ir en pelotón, provengo del cicloturismo y lo he tenido que aprender todo sobre la competición. Es una suerte poder correr con los juveniles ya que al haber pocas carreras para minusválidos si no fuera por esto me quedaría en dique seco.
AV. Además de la carretera prácticas algo tan técnico como la pista.
AG. Mi primer entrenador Ramón Unanue me hizo ver que podía hacer más cosas. Con él pase de entrenar 4000 kilómetros a 17000 en un año. Me centré mucho en la pista. El velódromo me impone mucho respeto pues no dejo de ser un novato, tampoco es muy seguro correr dentro de un grupo donde hay paralíticos cerebrales. Una cosa que he descubierto ahora, a mis casi cuarenta años, es que soy un velocista y esto lo aprovecho en la pista. |
| EUROPEO DE HOLANDA 2005 |
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AV. El gran salto lo das con tu participación en las olimpiadas de Atenas.
AG. Participar en unos juegos olímpicos es algo inolvidable. Te imaginarás que para ganarte la plaza hay que luchar mucho. Yo había ganado medallas en los europeos de Suiza, Chequia y Holanda pero prácticamente hasta el último momento no supe que iba. El seleccionador Bernat del Pino, puso mucho empeño porque me consideraba clave para la prueba del sprint olímpico. Como te decía, fue algo inolvidable. Recuerdo que me sentí físicamente un privilegiado porque para lo que veía yo no tengo nada. Personas sin brazos y piernas nadaban como si llevaran motor, mujeres bellísimas con terribles mutilaciones que a pesar de ello eran grandes atletas. Un lanzador de martillo ciego era todo un portento, de entrenar como los profesionales no andaría lejos de sus marcas.
AV. ¿Podrías explicarnos como son las categorías dentro del deporte para discapacitados?
AG. Hay tres grupos, ciegos, parálisis cerebral y físicos. Luego hay subcategorías, en parálisis cerebral están la D1, D2 y D3. Los físicos tenemos LC1 que engloba a los que no tienen casi nada, los LC2 para los de afección moderada, donde yo me encuentro, los LC3 para afecciones más severas y luego la LC4 que aquí están los de grado superior. Por desgracia todo esto suele ser muy arbitrario y depende de los criterios de los médicos y de los intereses de los organizadores.
AV. Parece muy complicado ser deportista discapacitado.
AG. La bandera de minusválido la he llevado oculta, la bicicleta me ha dado la oportunidad de codearme con los demás de igual a igual, lo que ocurre es que si quieres competir tienes que acatar las reglas y aprobar el sistema, aunque sea imperfecto. |
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